

Sus ojos eran blancos, como el invierno.
Invierno blanco, como la luz de la mañana.
Tenía sus labios de paloma encarcelada
paloma blanca encarcelada.
Su mirada me recuerda aquella alba sin luz.
Su mirada clavada en mi pecho.
Mirada con dolor inextinguible.
Sus ojos, perdían la luz del alba
sus labios, sabor amargo.
Hoy solo para que me recuerdes ilumino
mi rostro oscurecido.
¡No digo más porque ya me entiendes!
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Es cierto que somos del polvo
es cierto, también dice Dios.
Yo también lo digo.
Tú también dices desnuda como Eva.
Mira al alba, mira la directriz de mis ojos
escucha mi voz.
Que no, nos tente la raza de víboras...
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